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jueves, 12 de julio de 2007

Historia corta de una ida y una vuelta

Me levanté temprano; la sala estaba extrañamente calma, entraba una luz azul por la ventana que se mezclaba con la luz del cuadro marino.

En ese momento decidí irme. Agarré mi mochila y salí de la casa con aire despojado; despojada de inhibiciones.


Caminé dos horas hasta Av. Italia. Caminaba despacio, disfrutando de la birsa y el sonido que lograba sacar de los árboles.


Me subí al ómnibus sin saber hacia dónde me dirigía; tal vez por eso el conductor me miró con ojos ansiosos cuando, al encontrarme frente a él, respondí - Cualquiera -


En el viaje me dormí apenas pasado el peaje. Esta vez no soñé.


Cuando abrí los ojos y miré por la ventana descubrí un paisaje verde aunque falto de árboles y animales. Le pedí entonces, al chofer que me avisara en la siguiente ciudad. Me dormí nuevamente.


- ¡Destino! - fue el grito que me alejó definitivamente del sueño. Bajé, caminé unos minutos antes de mirar a mi alrededor. La ciudad era tranquila, había llegado a la plaza y me quedé allí hasta el anochecer. Nunca supe qué me vió, pero un perro se sentó a mi lado y me empezó a contar sobre otro perro que había dejado su compañía para formar una familia en el campo. Yo escuchaba con actitud atenta pero no podía evitar preguntarme por qué un extraño me estaba contando esas cosas.


El resto de la tarde transcurrió sin ningún otro alboroto, me entretuve viendo el cortejo de las palomas; advertí que eran todas blancas, se me hizo difícil distinguir entre machos y hembras.


Al caer la noche sentí frío, lo cual me alegró porque no sentía nada desde hacía ya un buen tiempo.


Fue cuando buscaba en mi mochila una bufanda que empezó a sonar mi celular. Temblaba de frío y desesperación. Miré hacia todos lados, tomé el aparato con mano tímida, era el número de casa el que aparecía en la pantalla. No sabía qué hacer, las manos me sudaban y el aparato resbalaba lentamente entre mis dedos. En ese momento pasó el can hablador por delante mío mirándome de reojo.


Atendí la llamada sin pronunciar sonido alguno, me quedé escuchando...


- Hola ¿hola? amor, soy yo, papá ¿estás ahí? Estábamos preocupados. ¿Dónde estás? Vení a casa amor. Te queremos, no te vayas. ¿estás? ¡Volvé! Vení a casa.... bueno... nosotros te extrañamos, queremos que vuelvas... está bien... bueno... te vamos a esperar en casa nosotros ¿ta?... amor... respondeme amor... ¿estás?


- Hola pá...


- ¡Hola mi amor! ¿Estás bien? ¿vas a volver?


- Voy a demorar un poco ¿ta?





Lucía